¡Aumenta tu motivación!

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Olvídate del cronómetro (o del plan de entrenamiento)

Cuando el cuerpo y la mente exigen una parada prolongada en boxes, generalmente es preferible hacer concesiones. Primera decisión que hay que tomar: reducir el volumen de las sesiones de entrenamiento. Correr menos tiempo y correr menos deprisa. ¡Pero correr! Fiándose más de las sensaciones que del cronómetro.

Durante los periodos de cansancio es importante mantenerse fiel al cuaderno de entrenamiento. Escribir algunas frases cada noche permite muchas veces comprender mejor las razones de la pérdida de motivación y organizar la respuesta. Decide el programa de la sesión deportiva del día siguiente. ¡Y escríbelo!

 

Sal a la aventura 

No hay nada peor mentalmente que repetir sin parar los mismos tipos de entrenamiento por recorridos siempre idénticos. Una de las ventajas del running es que ofrece una libertad de movimiento total. ¡Aprovéchala! Sal a la aventura y visita terrenos de juego que vayan cambiando.

Caminos, pequeñas carreteras e incluso el centro de las ciudades (eso sí, siendo prudente y respetando las normas de los peatones): deja volar tu imaginación y haz que trabaje tu sentido de la orientación. El objetivo es vivir sensaciones nuevas y cambiantes y utilizar el running como un verdadero medio de transporte: para ir a comprar, visitar a los amigos o incluso ir al trabajo.

 

¡Practica en grupo!

El running es un deporte individual que conviene practicar de la manera más regular posible con amigos o conocidos que tengan un nivel similar. Sobre todo cuando una cierta falta de motivación nos lleva a quedarnos debajo de las sábanas o a preferir los placeres del aperitivo a los de una sesión de entrenamiento al final de la jornada…

Por ello, es muy recomendable fijar citas concretas con los compañeros de esfuerzo para evitar la excusa del último momento. La energía de un grupo por lo general basta para recuperar las fuerzas y los ánimos. Y nada impide que mientras corramos hablemos en serio, por ejemplo para pedir consejo sobre cómo superar una mala racha, o bromeemos. Lo importante es moverse, superar la tentación de quedarse quieto, dar un impulso a la motivación que falla. 

 

Hazte pequeños regalos

En la escuela de la regularidad, a veces hay que ponerse mala nota. Pero también hay que saber valorarse. Mal tiempo, cansancio, problemas familiares o profesionales: a veces, los motivos para no correr se amontonan. Mantenerse firme y en movimiento es entonces una (pequeña) hazaña que conviene festejar. 

A cada uno le gustan unas cosas. Pequeñas o grandes. Puede tratarse de un café con leche en una terraza o de una sauna en un balneario bonito; puede ser también un postre que normalmente no nos permitimos. Correr no debe ser nunca un castigo que aparte de nosotros los momentos alegres y deseados de la vida, ¡sino todo lo contrario! Si regularmente te permites pequeñas recompensas, te darás nuevos motivos para entrenar. Para aprovechar mejor el tiempo que pasa...

 

Márcate un objetivo ambicioso

¡Prohibido prohibir! O, más exactamente, limitar la práctica del running a territorios cerrados.  No seas modesto. Atrévete a ser ambicioso. ¿Pensabas apuntarte a una prueba de 10 km? Atrévete con el medio maratón. ¿No te sentías capaz de afrontar los 42,195 km? Atrévete con el maratón. Y si te daba miedo aventurarte por los caminos, atrévete a practicar trail o a correr por la naturaleza... Marcarse un objetivo ambicioso nos empuja a avanzar y a demostrar una gran regularidad. Sobre todo si le cuentas a tus amigos cuál es tu proyecto. Aprende a vivir con la perspectiva de un esfuerzo que te supera un poco. Trabaja de manera metódica el entrenamiento. Tendrás un aliado de peso a tu lado: ¡la motivación! 
 

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