¿Cómo hay que gestionar una lesión?

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El runner que quiere gestionar adecuadamente su vida deportiva debe escucharse a sí mismo. Y, sobre todo, debe escuchar las señales de dolor que le envía el organismo. Aprender a identificar la inminencia o la existencia de una lesión, saber dejar la práctica del running y respetar el tiempo de convalecencia necesario: estos son los parámetros que conviene dominar...

 

Aprender a escucharse

Es algo fácil de decir o de escribir. Pero difícil de observar y de respetar a diario. La escucha del propio cuerpo tiene que centrarse, evidentemente, – en el caso de los runners – en las zonas que sufren directamente el impacto de las tensiones inherentes a la práctica del running: los miembros inferiores, las caderas, la pelvis y la espalda. Con esta condición previa, que no admite ninguna excepción: nunca hay que correr si se siente un dolor prolongado y difuso – sobre todo si se manifiesta durante la sesión, es decir, después de la fase de calentamiento.

La escucha del propio cuerpo también debe tener en cuenta los episodios de cansancio o de estrés. Si el volumen o la calidad del sueño son insuficientes, los riesgos de sufrir una lesión aumentan. Así que vale más saltarse una o varias salidas (o realizar esfuerzos en la piscina o con la bicicleta). Y lo mismo es aplicable, por supuesto, en caso de enfermedad. ¡Nunca hay que correr con fiebre!

 

Saber consultar rápidamente

Es importante aprender, con los años de práctica deportiva, a distinguir las pequeñas dolencias de los dolores más alarmantes que pueden ser indicio de una lesión que está por llegar. Una molestia muscular (como las agujetas) después de unas sesiones largas y/o intensas no tiene ninguna gravedad. En cambio, un dolor tendinoso (sobre todo en frío, al levantarse) debe tomarse en serio (y lo mismo es aplicable a los dolores de todo tipo que aparecen durante el esfuerzo).
No esperes a consultar a un profesional si tienes la más mínima duda sobre la naturaleza de un dolor. Tu médico generalista puede aconsejarte y dirigirte a un especialista en traumatología del deporte y/o pedir que te hagas pruebas tipo ecografías o resonancias magnéticas.

Asimismo, un fisioterapeuta exclusivamente especializado en las patologías del deportista puede y debe convertirse en tu centinela y en tu ángel de la guarda. Es importante que acudas a él con regularidad para controlar que realmente estás en condiciones de practicar running sin ningún problema.

 

En cualquier caso, no debes olvidar lo siguiente:

- Deja la práctica deportiva en cuanto sientas alguna molestia – del tipo que sea – durante más de 72 h.
- ¡No corras nunca si te duele algo! Es cierto que hay que asumir que alguna sesión puede resultar difícil, pero nunca hasta el punto de provocar un dolor localizado.

 

Aceptar que uno está lesionado

El periodo para curarse de una lesión puede, a veces, ser de varios meses. Y no es extraño que el corredor privado de su gasto energético – ¡y del simple placer de correr! – pase por estados emocionales que vayan de la cólera al desánimo y del deseo de rebelión a la melancolía.

Dos consejos para vivir mejor la prueba que supone una lesión:

- Desculpabilizarse. Es posible que hayas aumentado de manera exagerada la cantidad de entrenamiento – sin respetar las fases adecuadas. También es posible que hayas ignorado las señales que te enviaba el cuerpo. Pero el sentimiento de culpa no ayuda a curarse más deprisa.

- No sentirse traicionado por el cuerpo. Es un sentimiento clásico en el corredor lesionado. Está resentido con la zona que le hace sufrir y que le impide correr. Sin embargo, tu rodilla, tu tendón de Aquiles o tu aponeurosis no son en absoluto responsables de la lesión. Aprovecha el periodo de lesión para hacer realmente las paces con tu cuerpo.

 

Tomarse un tiempo para volver a practicar…

No precipites el final de tu convalecencia por el simple placer de comprobar que todavía sabes correr. Es importante seguir las recomendaciones del médico o del fisioterapeuta. Tanto por lo que se refiere al calendario de reanudación de la actividad como a la necesidad de ser prudente.

Porque el cuerpo necesita reencontrar ciertos puntos de referencia. A nivel cardiovascular (si el periodo de inactividad ha sido largo), pero también muscular y tendinoso. Y esto es aplicable más allá de la zona que se ha lesionado. Si corrías 50 km a la semana antes de la lesión, evidentemente tienes que dejar pasar varias semanas de «puesta en marcha» antes de plantearte volver a correr esos mismos kilómetros. Badr El Hariri, fisioterapeuta deportivo en París, insiste: «La noción de progresión de la carga durante el periodo de vuelta al deporte es fundamental. Esta dictará la duración de la fase de reanudación deportiva para frenarla, pero también para acelerarla. Es importante asegurarnos de que en cada etapa no sentimos molestias ni dolores».

 

Mantente – siempre volvemos a lo mismo – a la escucha de tu cuerpo. Más allá de todos los consejos que puedan darte, eres tú mismo el que mejor sabe cómo te sientes durante el esfuerzo. Llegará un día en el que volverás a disfrutar corriendo. Tal como lo hacías. Ese día, asegúrate de alegrarte, pero también de ser prudente a la hora de gestionar el entrenamiento.

 

¡La lesión no es una fatalidad! Son muchos los runners que encadenan años de práctica sin la más mínima dolencia. Sin embargo, es probable que pases algún día en manos del fisioterapeuta deportivo, del podólogo o de un médico especializado en traumatología deportiva si tu kilometraje semanal supera regularmente los 50 km y participas en pruebas cronometradas. 

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