¿Estás enganchado al running?

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¿Hasta dónde hay que llegar con la práctica del running? Muchos corredores habituales se hacen constantemente esta pregunta, ante el temor - justificado - de exponerse a sufrir lesiones graves. Más allá del simple aspecto fisiológico, en ocasiones, el equilibrio familiar, social y profesional puede verse afectado por una adicción al deporte...

 

La cuestión de la dependencia…

¿Sientes la necesidad de correr con regularidad, incluso todos los días? No te preocupes, eso no te convierte en un enfermo o un drogadicto, como algunos pretenden hacer creer (sin haber realizado nunca el más mínimo esfuerzo físico).

Correr, hay que recordarlo, es bueno para la salud. Todos los estudios científicos – y actualmente son muy numerosos – insisten en que la práctica del running reduce notablemente el riesgo de sufrir ciertos cánceres y de padecer accidentes cardíacos.

De todos modos, hay que plantearse la cuestión de la dependencia:¿a partir de qué punto (número de sesiones semanales, kilómetros corridos por semana e intensidad del esfuerzo) se convierte uno en adicto y pasa a tener una conducta que podría generar problemas físicos y psicológicos?

Es imposible responder de manera idéntica y definitiva a todos los corredores, ya que hay una multitud de parámetros que es necesario tener en cuenta...

 

Saber reconocer los indicios de una práctica deportiva excesiva

Más allá de la edad y del nivel de cada uno, parece claro que la práctica del running deja de ser beneficiosa para la salud desde el momento en que aparecen algunos problemas (no siempre claramente identificados ni admitidos por el sujeto):

- El corredor está cansado. Tiene un sueño agitado y poco reparador. Le cuesta encontrar la energía necesaria para mantenerse alerta y disponible en las distintas actividades de su vida cotidiana.

- El corredor se pone enfermo con frecuencia. Los resfriados, las anginas y otras infecciones benignas se encadenan de manera cada vez más frecuente.

- El corredor tiene una visión errónea de sí mismo. Se suele encontrar demasiado gordo y trata de perder peso — aún a riesgo de sufrir trastornos alimentarios; se niega a admitir que su dosis de entrenamiento es excesiva y piensa incluso que debería correr más.

- El corredor corta con el mundo que lo rodea. Sus relaciones con las personas cercanas (familia, amigos y también compañeros de trabajo) se deterioran. Se hace irritable, sufre episodios de melancolía y se molesta cuando le dan consejos de sentido común.

 

No caer en la «vigorexia»

Actualmente, los profesionales sanitarios consideran que la adicción al deporte, no solamente al running, es en sí misma una patología. Incluso la OMS (Organización Mundial de la Salud) la ha reconocido. El nombre, un poco extraño, que se le ha dado a esta necesidad descontrolada de practicar ejercicio físico es: vigorexia.

Un equipo de investigadores de la ciudad de Toulouse propuso esta definición hace casi diez años: «Necesidad irrefrenable y compulsiva de practicar de manera regular e intensiva una o varias actividades físicas y deportivas para obtener gratificaciones inmediatas, a pesar de las consecuencias negativas a largo plazo sobre la salud física, psicológica y social».

 

Se aconseja dejar totalmente el entrenamiento de running dos veces al año (por un periodo de unos quince días), para permitir que el organismo se recupere de las tensiones que provoca la práctica de este deporte. Estos periodos deben aprovecharse para disfrutar de los (otros) placeres de la vida – que a veces, pero no siempre, son incompatibles con el entrenamiento. Levantarse tarde, cenar con los amigos, pasear con la familia...

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