No pierdas tu motivación por el camino

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1. Fijarse objetivos razonables

Es lógico sentirse agobiado por la dificultad de un tiempo a alcanzar o de una distancia a recorrer si el diagnóstico inicial no se ha establecido correctamente.
Es imperativo no engañarse en cuanto a su nivel. Y eso pasa por un buen conocimiento de uno mismo. Velocidad de base (llamada fondo), capacidad a mantener un esfuerzo al límite, número de entrenamientos efectuados cada semana: el objetivo debe tomar en cuenta todos estos parámetros. Es útil pedir ayuda a un entrenador o a un corredor experimentado con el fin de tener un punto de vista externo, a menudo más objetivo.

 

2. Demostrar ser metódico

Irse a la aventura, tomándose su tiempo, sin otro objetivo que cambiarse las ideas constituye una manera sana de declinar la práctica deportiva: correr y dejarse llevar tan solo por el ánimo del día tiene sus ventajas. Pero sigue siendo importante equilibrar su entrenamiento alrededor de ciertos fundamentos.
La pérdida de motivación es a menudo la consecuencia de una monotonía del esfuerzo. Es necesario equilibrar cada semana alrededor de sesiones con programas variados. Footings largos efectuados a un ritmo moderado para desarrollar las cualidades de fondo y trabajo más dinámico en fraccionado para aumentar las capacidades cardiovasculares.

 

3. ¡Correr es un deporte colectivo!

¡La soledad del corredor de fondo es un mito (literario) que no tiene razón de ser cuando el grado de motivación da señales de cansancio! Nadie ha demostrado nunca que era más eficaz practicar el running monologando sobre la dificultad a la hora de avanzar…
Por consiguiente es útil hacerse amigos corredores. Vecinos, compañeros de trabajo, miembros de una asociación o incluso de un club: el objetivo es unirse a una estructura donde reine el buen ambiente para estimular y dar o volver a dar ganas de moverse. Se procurará encontrar, evidentemente, corredores con un nivel similar al suyo propio (o ligeramente superior) para compaginar la emulación deportiva con el placer de charlar antes y después del esfuerzo.

 

4. Participar (regularmente) a pruebas cronometradas

¿Es un aliciente necesario? Probablemente no. Numerosos corredores recorren decenas de footings sin colocarse ningún dorsal en el pecho. La participación a una prueba cronometrada permite sin embargo evaluarse, verificar los progresos logrados y, sobre todo, proyectarse en el futuro.
Participar a una competición (la palabra en sí hasta puede impresionar) no debe intimidarte. La noción de sobrepasar sus límites es, además, a menudo relativa. Sobre todo para los corredores principiantes. Pero el hecho de traer una medalla de ‘vencedor’ a casa siempre es fuente de motivación.

 

5. Tener al día un registro de entrenamiento

Lo que podría resultar ser superfluo es en realidad esencial. El cotidiano de un corredor preocupado por no perder nunca la motivación por el camino se resume en pocos detalles. Kilometraje semanal o tiempos realizados sobre distancias contrastadas: la actualización diaria de un registro de entrenamiento permite verificar que se respetan los fundamentos.

A largo plazo, el registro de entrenamiento se convierte en un verdadero refugio en el cual el corredor puede plasmar sus sensaciones vividas a lo largo del esfuerzo, su nivel de cansancio, su desinterés o su optimismo al acercarse una competición. Todo lo que puede incentivar la motivación ocupa un lugar dentro de ese registro.

Es normal conocer bajones en cuanto a motivación durante ciertas épocas del año. En este caso es necesario hacer la diferencia entre un nivel de cansancio general que justifica detener el entrenamiento y un simple hastío psicológico que debe ser superado cuanto antes.

 

¡Buena carrera!

 

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